París, 20 de marzo de 2025, — La sede de la UNESCO en París acogió ayer un emotivo acto en honor a Federico Mayor Zaragoza, exdirector general de la organización (1987-1999). El evento, que reunió a personalidades políticas, académicas francesas y representantes de la sociedad civil, destacaron no solo su trayectoria profesional, sino su incansable compromiso con la paz, el diálogo intercultural y la educación como pilares del desarrollo humano.
La ceremonia comenzó con las palabras de la Directora General de la UNESCO, Audrey Azoulay, quien recordó los hitos biográficos de Mayor Zaragoza con una precisión técnica, subrayando su liderazgo en iniciativas como la Cultura de Paz y su papel en la revitalización de la organización durante una época de transformaciones globales.
Sin embargo, fue el discurso del ministro de Cultura español, Ernest Urtasun, el que dotó al acto de un tono más comprometido. Con un discurso impecablemente estructurado, Urtasun inició su intervención en francés, para honrar el marco institucional, pero en un gesto cargado de simbolismo, anunció que continuaría «en la lengua de Federico Mayor Zaragoza: el español».
Este cambio lingüístico no fue solo un tributo a las raíces del homenajeado, sino un
reconocimiento a su defensa de la diversidad cultural y el multilingüismo como herramientas contra la homogeneización del pensamiento.
El ministro español recorrió la vida del Mayor Zaragoza como un relato de coherencia ética: desde su juventud como científico y poeta hasta su labor al frente de la UNESCO, que modernizó y añadió algunos de sus numerosos logros como la creación de las cátedras UNESCO o la revitalización del patrimonio mundial, material e inmaterial.
También evocó su faceta como escritor y su convicción de que las palabras, cuando se alían con la acción, pueden transformar el mundo. Tras las palabras del ministro Urtasun, el acto dio un giro íntimo y profundamente emotivo con la intervención de Pablo y Federico Mayor Menéndez, hijos del exdirector general.
Con voz serena, pero cargada de afecto, ambos evocaron las enseñanzas y frases que su padre repetía con convicción, no solo en el ámbito público, sino en la cotidianidad del hogar. «Él nos decía que «no hay mañana sin hoy», que cada acción cuenta», compartió Federico, el menor de los hermanos, mientras el auditorio guardaba un silencio conmovido.

Hoy entendemos que esas palabras que nos repetía, no eran solo para nosotros, sino para toda la sociedad», destacando la coherencia entre el hombre público y el padre que los crió con los valores de la escucha, el respeto y la responsabilidad global.
Esta intervención familiar, cargada de autenticidad, recordó que detrás del estadista visionario había un hombre que vivía lo que predicaba. Como señaló un asistente al final del acto: «Hoy no solo honramos a un exdirector de la UNESCO, sino a un padre cuyas ideas siguen creciendo a través de sus hijos y de todos los que creemos en un mundo mejor». Federico terminó diciendo que «si la UNESCO no hubiera tenido a Federico Mayor, la UNESCO tendría que crearlo y si la UNESCO no existiera, Federico Mayor la hubiera inventado».
El evento reunió a más de una centena de exfuncionarios y colaboradores que trabajaron bajo el liderazgo de Mayor Zaragoza, muchos de los cuales viajaron expresamente para rendirle tributo. Sin embargo, su presencia quedó relegada al papel de meros espectadores. La única excepción fue Moufida Goucha y Fermín Matoko, excolaborador de Mayor y actual subdirector general de Prioridad África, quienes durante una mesa redonda nombró brevemente a algunos colegas de la época, presentes en la sala y evocó conceptos como la creación por Mayor del Premio Félix Houphouët-Boigny.
La jornada dejó una enseñanza clara: homenajear a un líder como Mayor Zaragoza exige no solo evocar sus ideas, sino escuchar a quienes las convirtieron en acción. Como escribió él mismo en su poema Las palabras que faltan: «No basta con nombrar el viento / hay que sentir cómo dobla los árboles».
La ceremonia en honor a Federico Mayor Zaragoza encontró su epílogo en la voz y la guitarra de Paco Damas, cantautor granadino conocido por musicalizar versos de poetas comprometidos con la justicia social. Con su interpretación de Paz, poema escrito por el propio Mayor Zaragoza, Damas no solo cerró el acto, sino que tejió un puente entre la palabra escrita y la emoción compartida, devolviendo al auditorio al núcleo esencial del homenajeado: su fe inquebrantable en la paz como acto de creación colectiva.
El tema Paz, incluido en el álbum Voces contra el olvido (2015), ha sido interpretado en foros internacionales, pero nunca antes en la sede de la UNESCO, organización que Mayor dirigió con la convicción de que «la cultura es el cuarto pilar de la paz». Creo que el mejor homenaje que podemos rendir a Federico Mayor Zaragoza es «seguir trabajando por esa UNESCO viva que él soñó: no un palacio de discursos, sino un taller de ideas al servicio de la humanidad». Debemos recordar al hombre, pero sobre todo, reivindicar sus ideales por y para los pueblos.
En el homenaje a su figura, presentado por Charo Izquierdo, contamos con una bienvenida institucional a cargo de Juan Miguel Hernández León, presidente del Círculo de Bellas Artes, y las intervenciones de Pilar Alegría, ministra de Educación, Formación Profesional y Deportes, Antônio Guterres, secretario general de las Naciones Unidas, Gabriela Ramos, subdirectora general de Ciencias Sociales y Humanas de la UNESCO.
También participaron representantes de la Fundación Cultura de Paz, el Defensor del Pueblo, la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de Granada, la Alianza de Civilizaciones de Naciones Unidas, del Centro de Diagnóstico de Enfermedades Moleculares de la Universidad Autónoma de Madrid, la Fundación Ramón Areces y el Movimiento por la Paz. Además, intervinieron los familiares Andrea Kallmeyer Mayor, Pablo Mayor Menéndez y Federico Mayor Menéndez. El cierre musical fue a cargo de Miguel Ríos.
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